domingo, 8 de agosto de 2010

NUEVO EPISODIO DEL SAINETE DEL PSOE MADRILEÑO


La verdad es que el panorama que ofrecen tanto el PSM como la dirección federal del PSOE no puede ser más deprimente con vistas a unas elecciones autonómicas en las que una tercera victoria de Esperanza Aguirre sería una maldición para los ciudadanos de Madrid.

El dramatis personae de este juguete cómico nos muestra el nivel de nuestra clase política, una de las instituciones peor valoradas por los españoles. Por algo será.

Tomás Gómez, héroe o villano de opereta, fue designado a dedo en su día y representa al aparato burocrático del PSM, su pesebre y clientelismo. Ha ejercido internamente de forma autoritaria (recordemos cómo despachó la discrepancia del concejal Alejandro Inurrieta en su blog: propuesta de expulsión) y en el plano institucional nadie recuerda una sola línea coherente en su pobre discurso, excepción hecha de su apoyo a la escuela concertada y a la no muy progresista supresión del impuesto sobre el patrimonio.

La candidata del gran jefe, Trinidad Jiménez, ya fue digitada en 2003, en aquel caso para las elecciones municipales de la villa y corte, en las que fracasó estrepitosamente. Luego no se dedicó enteramente a su labor de portavoz en el Ayuntamiento, de donde se propuso huir nada más ganar Zapatero en las generales. ¿Permanecerá en su cargo una legislatura completa si finalmente es la candidata y pierde? Por otro lado, como ministra de Sanidad ha sido sonora su precipitación en la compra de las inútiles vacunas contra la gripe A, otro absurdo despilfarro para un país al que no le sobra dinero exactamente. Y parece continuar en la línea del prohibicionismo compulsivo de su predecesora, lo que, unido a la misma insoportable levedad de todo lo que rodea a su valedor, no le da demasiadas credenciales como candidata.

La irreductible posición del antiguo regidor de Parla aboca a resolver el pulso entre los federales y el PSM en unas primarias, que se van a convertir ante propios y extraños en un test para Zapatero.

El Reglamento de Primarias, promovido por José Blanco, es leonino, porque establece unas condiciones para presentar candidaturas que limita sólo a los grandes grupos organizados la posibilidad de promover a sus aspirantes. Habría que volver a las primeras normas internas sobre primarias, abiertas a todos los militantes, sin una exigencia previa de un número tan elevado de avales, que son públicos, y además de forma que cada militante sólo puede respaldar a un candidato.

Desde el punto de vista de la imagen de esta minicrisis veraniega –o sainete de la más pura estirpe castiza-, la primera visualización es que Zapatero está perdiendo su autoridad dentro del PSOE, partido que ha dirigido de forma despótica mientras ha podido. No ha sometido ninguna de sus ocurrencias a ningún debate interno. La pérdida de crédito público por parte del presidente le está ocasionando un deterioro notorio. Y ahora ha demostrado que en esta ocasión el cálculo no ha sido el adecuado.

Las perspectivas electorales no son muy halagüeñas para el PSM, tanto con candidatos de la cantera como parachutados. No sólo repercutirán los malos datos de la economía y la política antisocial del gobierno de España, sino tambíén la imagen de maldición de la FSM, hoy PSM, una organización siempre marcada por sus conflictos internos.

Si a esto añadimos la impresión de disgregación de las federaciones del PSOE, que, si nos atenemos a la denominación de sus organizaciones territoriales, es un partido de partidos, concluimos que hubiera sido mucho mejor para todos que Zapatero se hubiera cogido el mes de agosto entero de vacaciones.

Haber estado un tiempo ocioso y relajado y haber vuelto con fuerzas renovadas, liberándonos durante un mes de sus originales decisiones habría supuesto que también el país y el PSOE habrían descansado por un tiempo del inquilino de La Moncloa. Que también nos lo merecemos.

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