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martes, 18 de noviembre de 2014

MÁS antisemitismo en la prensa de la izquierda amarilla


MÁS antisemitismo en la prensa de la izquierda amarilla



Los asesinatos a sangre fría contra los fieles de una sinagoga nos retrotraen a la siniestra época del holocausto de Hitler, con la que colaboraron en su día las autoridades musulmanas de Jerusalén, y que niegan desde los amigos de Le Pen hasta los ayatolás iraníes, pasando por muchos de los nazis que en el mundo han sido.

El día en que ciertos fanáticos palestinos musulmanes matan, el diario PÚBLICO http://www.publico.es/internacional/556840/la-sangre-palestina-que-mancha-las-manos-de-europa reitera su solidaridad con “Palestina”. ¿Se refiere a los miles de palestinos asesinados en Siria, de los que no se acuerda nadie, en especial los comprometidos con la causa? ¿Se solidariza con los asesinos de la sinagoga? ¿Denunciará que un pueblo secuestrado por el mismo fundamentalismo que está causando estragos aquí y allá sufre las consecuencias de una tiranía de signo islámico?

Parece que lo que predomina en ese periodismo panfletario, tan de agitación como el de las cadenas de la TDT party, es un feroz antisemitismo a priori, por mucho que no todo lo que hayan hecho los gobiernos de Israel en los últimos tiempos sea merecedor del aplauso. Pero no hay ni condena ni compasión ante los crímenes de la sinagoga.

Nunca dicen nada de lo que robó Arafat, de lo que matan los de Hamás, de cómo el fundamentalismo islámico oprime al pueblo palestino en los territorios donde ejerce el control. Y nadie se acuerda de la masacre y genocidio de los tan compadecidos palestinos –y no sólo palestinos- en Siria. Claro que esas víctimas olvidadas no sirven para alimentar la propaganda antiamericana y antisemita a la que cierta izquierda sectaria, amarilla y reaccionaria nos tiene acostumbrados.

Sólo falta que nos cuenten que la monstruosidad de la guerra de Siria es culpa de la conspiración judeo-capitalista. Si es que vienen de donde vienen, no se les puede pedir más.



Reproduzco el lúcido y valiente artículo de Gabriel Albiac en el ABC del 20.11.2014


DE UN ERROR OBSCENO

GABRIEL ALBIAC
El Parlamento español, unánimemente, alentó anteayer a Hamás. Que es el Estado palestino en Gaza. En el día más obsceno para hacerlo
A lo imprudente se unió lo obsceno. Imprudente era alentar la formación en Palestina de un Estado que se niega aceptar la frontera con sus vecinos y aun la legitimidad de su existencia. Más imprudente aún, hacerlo cuando una de las dos mitades de su territorio, Gaza, está gobernada por un pilar mayor del terrorismo yihadista, Hamás; y cuando en la otra mitad imperan los herederos de otro terrorismo más clásico, el de Arafat. Perfectamente estúpido, meterse en tamaño avispero antes de que la Unión Europea fijara su posición conjunta: pretender ser más progre que nadie en política internacional solo lleva, en el menos malo de los casos, a hacer un ridículo que puede llegar a lo majestuoso cuando quien lo ejecuta es un gobierno conservador que se avergüenza de serlo. Pero consumar tal cosa unas horas después de que los paladines de ese Estado palestino asesinaran, a golpe de martillo y hacha, a los orantes de una sinagoga en Jerusalén es solo obsceno. Eso hizo el Parlamento español el martes. Ni equivocado ni estúpido. Ni siquiera ridículo. Obsceno. Y no tiene remedio.
La elocuencia de las buenas intenciones es fábrica infalible de masacre. En política. Desplaza la racionalidad hacia el afecto. El afecto hacia el sentimentalismo. Que es lo peor. En política. España ha decidido ir por delante de Europa en el camino del suicidio. Puede que lo consiga. Unánimemente, si la votación de anteayer en la Carrera de San Jerónimo es síntoma de algo.
Porque es de un suicidio europeo de lo que estamos hablando. No hay más que un Estado democrático al otro lado del Mediterráneo: Israel. Que es Europa. Y que por los criterios de cualquier democracia europea se rige.
Lo cual, entre otras cosas, le vale el ser juzgado abominable por los integristas religiosos judíos: dense una vuelta por el barrio de Mea Shearim, en Jerusalén, quienes no se han enterado todavía de que el sionismo es la variedad laica del judaísmo moderno.
Lo cual, entre otras cosas, le vale el estar sometido a una declaración de guerra permanente en sus fronteras desde 1948: medio siglo, a lo largo del cual las dictaduras que lo rodean han rechazado el principio sobre el que las relaciones internacionales se asientan: reconocer las fronteras del vecino; lo que es lo mismo, su derecho a la existencia. Cada vez que uno de esos vecinos se ha avenido a aceptar tal norma –Egipto fue el primero–, Israel ha aceptado, por su parte, las proporcionales contrapartidas territoriales, sobre el principio «paz por territorios».
La independencia de Palestina pende de una determinación básica: reconocer a Israel como nación con fronteras propias. Esas fronteras fueron fijadas en 1947 por las Naciones Unidas. Y aceptadas por Israel, que fundó sobre ellas su proclamación de independencia el 14 de mayo de 1948. Fueron motivo de una inmediata ofensiva militar de la Liga Árabe con el proclamado programa de destruir las dos naciones, Israel y Palestina, que debían ser repartidas entre los países colindantes.
A lo largo de 66 años de guerra, Israel ha preservado su existencia. Se ha convertido en un país moderno y próspero. Muy convencionalmente democrático. A lo largo de 66 años de anacrónico empecinamiento en aniquilar al vecino, todos los despotismos colindantes han ido empantanándose en una miseria y un anacronismo cada vez más hondos. Y más antidemocráticos.
El Parlamento español, unánimemente, alentó anteayer a Hamás. Que es el Estado palestino en Gaza. En el día más obsceno para hacerlo.
A lo imprudente se unió lo obsceno. Imprudente era alentar la formación en Palestina de un Estado que se niega aceptar la frontera con sus vecinos y aun la legitimidad de su existencia. Más imprudente aún, hacerlo cuando una de las dos mitades de su territorio, Gaza, está gobernada por un pilar mayor del terrorismo yihadista, Hamás; y cuando en la otra mitad imperan los herederos de otro terrorismo más clásico, el de Arafat. Perfectamente estúpido, meterse en tamaño avispero antes de que la Unión Europea fijara su posición conjunta: pretender ser más progre que nadie en política internacional solo lleva, en el menos malo de los casos, a hacer un ridículo que puede llegar a lo majestuoso cuando quien lo ejecuta es un gobierno conservador que se avergüenza de serlo. Pero consumar tal cosa unas horas después de que los paladines de ese Estado palestino asesinaran, a golpe de martillo y hacha, a los orantes de una sinagoga en Jerusalén es solo obsceno. Eso hizo el Parlamento español el martes. Ni equivocado ni estúpido. Ni siquiera ridículo. Obsceno. Y no tiene remedio.
La elocuencia de las buenas intenciones es fábrica infalible de masacre. En política. Desplaza la racionalidad hacia el afecto. El afecto hacia el sentimentalismo. Que es lo peor. En política. España ha decidido ir por delante de Europa en el camino del suicidio. Puede que lo consiga. Unánimemente, si la votación de anteayer en la Carrera de San Jerónimo es síntoma de algo.
Porque es de un suicidio europeo de lo que estamos hablando. No hay más que un Estado democrático al otro lado del Mediterráneo: Israel. Que es Europa. Y que por los criterios de cualquier democracia europea se rige.
Lo cual, entre otras cosas, le vale el ser juzgado abominable por los integristas religiosos judíos: dense una vuelta por el barrio de Mea Shearim, en Jerusalén, quienes no se han enterado todavía de que el sionismo es la variedad laica del judaísmo moderno.
Lo cual, entre otras cosas, le vale el estar sometido a una declaración de guerra permanente en sus fronteras desde 1948: medio siglo, a lo largo del cual las dictaduras que lo rodean han rechazado el principio sobre el que las relaciones internacionales se asientan: reconocer las fronteras del vecino; lo que es lo mismo, su derecho a la existencia. Cada vez que uno de esos vecinos se ha avenido a aceptar tal norma –Egipto fue el primero–, Israel ha aceptado, por su parte, las proporcionales contrapartidas territoriales, sobre el principio «paz por territorios».
La independencia de Palestina pende de una determinación básica: reconocer a Israel como nación con fronteras propias. Esas fronteras fueron fijadas en 1947 por las Naciones Unidas. Y aceptadas por Israel, que fundó sobre ellas su proclamación de independencia el 14 de mayo de 1948. Fueron motivo de una inmediata ofensiva militar de la Liga Árabe con el proclamado programa de destruir las dos naciones, Israel y Palestina, que debían ser repartidas entre los países colindantes.
A lo largo de 66 años de guerra, Israel ha preservado su existencia. Se ha convertido en un país moderno y próspero. Muy convencionalmente democrático. A lo largo de 66 años de anacrónico empecinamiento en aniquilar al vecino, todos los despotismos colindantes han ido empantanándose en una miseria y un anacronismo cada vez más hondos. Y más antidemocráticos.
El Parlamento español, unánimemente, alentó anteayer a Hamás. Que es el Estado palestino en Gaza. En el día más obsceno para hacerlo.




sábado, 8 de junio de 2013

Antonio Muñoz Molina, premio príncipe de Asturias de las Letras.





  
La concesión del premio príncipe de Asturias de las Letras a Antonio Muñoz Molina es un motivo de satisfacción para los que somos fieles lectores de su obra literaria y encontramos el placer de ver magníficamente recreada nuestro ser hispánico a través de la palabra exacta, libre y comprometida en sus artículos y libros de opinión. De hecho, el escritor de Úbeda es hoy, junto con intelectuales tan diversos como Fernando Savater, Albert Boadella, Vargas Llosa o Jon Juaristi, uno de los pocos referentes críticos con los vicios del sistema desde un pensamiento independiente y honrado, enormemente lúcido, frente a los sectarismos, los estereotipos y el periodismo de trinchera y agitación y propaganda de uno u otro signo que tanto agitan la convulsa vida colectiva en tiempos tan duros y difíciles como los que atraviesa España en su aguda y deprimente crisis económica, política, institucional, moral y social. En su crisis global.

La narrativa de Muñoz Molina ha logrado afortunadamente un reconocimiento merecido en un país tan difícil como es España, cicatero a la hora de reconocer el mérito de sus propios conciudadanos. La calidad e intensidad de su prosa, su estilo poderoso y su brillante sintaxis, junto con una capacidad de evocación y de deslumbrante descripción, confieren a la mayoría de sus narraciones un ritmo y una prosa poética que ha alcanzado el nivel de los que sin duda permanecerán en el tiempo. Por otro lado, el mundo narrativo de Muñoz Molina es un reflejo certero de nuestra memoria histórica colectiva, una forma de acercarse auténtica y profunda a las señas de identidad de lo español, un espejo de lo que fuimos, lo que somos y lo que hemos soñado ser. Sin concesiones a la frivolidad, a la demagogia ni al conformismo.

Pero además del indiscutible valor literario de una palabra tan bien enhebrada y expresiva, es bueno destacar el papel de intelectual de Muñoz Molina en la España actual. Su compromiso de pensador responsable, mesurado y honrado, con una actitud valiente, nada acomodaticia ni anuente con los discursos oficiales, lo convierten en un referente imprescindible en el artículo de opinión del periodismo literario de nuestros días. Sus tomas de posición sobre la izquierda y la educación pública, los excesos de los nacionalismos, la falsificación de la memoria histórica, los diferentes abusos del poder o los más diversos asuntos de la vida pública española nos permiten ver con ojos inteligentes y atinados, una realidad que la propaganda y el pobre debate de los medios españoles siempre tratan de desfigurar.

Cabe destacar el mérito del autor de Sefarad, quien al aceptar el premio que le concedió la ciudad de Jerusalén, donó su cantidad íntegra a un colegio donde se educan juntamente niños árabes e israelíes, en lugar de aceptar las presiones sectarias de quienes le http://cultura.elpais.com/cultura/2013/02/10/actualidad/1360504122_513560.html
 ">pedían
 que renunciara al galardón.

Siempre he recomendado la lectura del Muñoz Molina narrador y con razones de urgencia también al Muñoz Molina intelectual, uno de los autores que de forma más acertada y con una prosa exquisita nos muestran un visión de España absolutamente necesaria y que quienes tienen puestos de responsabilidad deberían escuchar.

martes, 20 de marzo de 2012

Alarma por las agresiones antisemitas

El salvaje y demencial atentado, de inspiración claramente racista, que se ha perpetrado en Tuolouse, es una muestra más de la demencia del nunca extinguido espírtu antisemita que invade el mundo occidental, por no hablar de otras latitudes que estarían deseando –si pudieran- concluir la inconclusa tarea de Hitler y los suyos de la solución final. La propaganda antijudía, tan omnipresente en los telediarios y en el imaginario colectivo español, que hunde sus raíces en el antisemitismo indisimulado del régimen de Franco, que nunca reconocío al estado de Israel, se ha extendido a una parte de la progresía y el izquierdismo de pacotilla dentro de una visión simplista y maniquea del conflicto de Oriente Próximo. No se reconoce ni el derecho de Israel a existir como estado ni a su legítima defensa de los ataques bélicos y terroristas que desde 1948 se han venido produciendo con el propósito de dejar a los judíos sin territorio, sin posibilidades de desarrollarse como pueblo y de poder por fin en paz en su tierra tras una secular e injusta persecución, que no ha conseguido por fortuna culminar el genocidio que sí se llevó a cabo en los siniestros años de la segunda guerra mundial en diversas ciudades europeas. El atentado de Toulouse no es obra de un loco, por mucho que su autor pueda presentarse como un fanático descontrolado. El atentado de Toulouse es una consecuencia más de ese auténtico fenómeno del odio al judío. Sólo si en la educación de las nuevas generaciones existe la voluntad de inculcar a los jóvenes el respeto por Israel como uno de los pocos países democráticos de Oriente Medio. Y a superar ese tremendo estereotipo que funciona como un terrible estigma, dejaremos de estar abonando la semilla de un nuevo holocausto, que está en el programa no sólo de Irán, sino de todos los que pretenden borrar a los judíos de la faz de la tierra. Porque en estas épocas de lo políticamente correcto, de las ONGs, de una presunta apertura y comprensión a otras culturas, a las minorías y a lo diferente, en estas décadas en las que ya no debería estar en cuestión la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, el racismo cruel e irracional contra los judíos –tan extendido en amplios sectores de la sociedad españrola- debería ser un pasado superado de un pasado histórico que nos debería avergonzar. Que en muy pocos foros resuene la voz de la condena al antisemitismo es muy alarmante. Que una masacre como la de una escuela judía, un acto inhumano, cobarde y de la más vil inspiración, no haya sido objeto de una condena enérgica por parte de la sociedad española y de sus biempensantes representantes, nos demuestra en qué medida debe recordar a toda la opinión pública occidental que no se pueden crear las condiciones para que un clima hostil e intolerante contra la “judeomasonería” vuelva a resucitar el espíritu colectivo que hizo posible el Holocausto, con tantas complicidades activas y pasivas como ominisamente se registraron. Y que no limitan los monstruosos crímenes cometidos a la obra de un loco (Hitler), sino de una responsabilidad y una culpa colectivas que no se han querido asumir como lo que fueron.

sábado, 16 de octubre de 2010

UNA MUESTRA MÁS DE ANTISEMITISMO



En la imagen vemos a Amin al-Husseini, el influyente Gran Mufti de Jerusalén, colaborador de los nazis y persona de confianza de Adolf Hitler. Era tío de Yassir Arafat.

Entre determinados medios que dan lecciones de un presunto periodismo de izquierdas, progresista y defensor de los derechos humanos se está alcanzando un antisemitismo tan grotesco y preocupante que nada tiene que envidiar a los tiempos franquistas de la “conspiración judeomasónica”, por no mencionar las terribles persecuciones de los nazis, uno de los hitos más crueles de la historia de la infamia. Porque el antisemitismo en Europa fue cómplice del holocausto hitleriano, a veces por pasividad y otras por colaboración.
Por eso causa estupor leer en Público una idea peregrina, que, además, se nos presenta como información, como un hecho contrastado, no como opinión. El periódico la aporta como un dato curioso de un supuesto periodismo de investigación.
Al parecer, en la franja de Gaza, como en otras áreas del planeta donde rigen inveteradas costumbres que algunos sostienen que “hay que respetar”, se está registrando un incremento considerable de crímenes contra las mujeres.
La sorprendente tesis postulada por el citado medio es que la culpa del aumento de dicha violencia contra las mujeres en la franja de Gaza es responsabilidad de Israel; es la consecuencia del asedio del régimen sionista.
En un periodismo de trinchera, adoctrinador, se puede llegar a disparates tan absurdos como éste, que restan cualquier crédito a quienes se apuntan a semejantes deformaciones de la realidad para contribuir al panfleto continuo, ocultador de la dictadura implacable de Hamás en la franja de Gaza y falsificador de la historia.
Por supuesto, es patente que la idea que subyace a esa “interpretación” de lo que sí es información contrastada (la opresión contra las mujeres crece en los territorios gobernados por Hamás) carece del más mínimo fundamento y del rigor informativo exigible a un diario generalista que no pretenda ser el amarillismo más cutrón. Y los redactores del citado medio tienen que saberlo, si es que no se han impregnado de un fanatismo oligofrénico y si no quieren ser unos “hooligans”.
La endeblez de la noticia-comentario habla por sí sola. Si en otros puntos del planeta donde gobierna el fundamentalismo islámico también se ejerce esa opresión contra las mujeres, ¿no es un poco zafio y ramplón, amén de rotundamente falso, echar la culpa a un enemigo exterior –en este caso los judíos- de un problema interno ante el que buena parte de los biempensantes mira hacia otro lado?
¿No habrá que plantearse que la primera solidaridad con la población que vive en la franja de Gaza sería ayudarles a liberarse de las consecuencias que un fundamentalismo religioso tan brutal, próximo a la barbarie, inflige a todos sus habitantes, especialmente a las mujeres, a las que atropella de forma inmisericorde? ¿O es que les importa un pimiento lo que está sufriendo la gente en esa zona y lo único que pretenden es buscar una excusa para arremeter contra Israel para seguir fomentando el odio irracional contra los judíos?