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viernes, 23 de mayo de 2014

POR QUÉ EL JUEZ SILVA MOLESTA TANTO AL STATUS QUO




El ninguneo al juez Silva



  La increíble impunidad del banquero Blesa, antiguo presidente de CajaMadrid en sus tiempos más escandalosos, y que se presenta con desvergüenza infinita como una víctima propiciatoria de una injusta campaña contra su prestigio, es una muestra más de la putrefacción del sistema.

  El impresionante latrocinio de bancos y cajas de ahorro, que han arruinado y estafado directa o indirectamente a una significativa cantidad de españoles, puede quedar impune si los grupos de presión que nos gobiernan de facto se terminan saliendo con la suya y logran amedrentar a quien ose discutir su omnímodo despotismo y se atreva además a exigir responsabilidades por sus inenarrables tropelías.

 Las cajas, CajaMadrid en particular de forma muy notoria, son el triste espejo de una época en la que en lugar de hacer una banca social, se trincó de manera indecente, se despilfarró y lo que es peor, se dilapidó la posibilidad de mantener el crédito a los pequeños ahorradores con criterios no meramente especulativos y usureros.

  La dependencia de los partidos políticos instalados respecto de los bancos a los que deben grandes cantidades y cuyos créditos son perdonados o casi es una de las grietas más peligrosas del sistema democrático español.

  Por este motivo, la persecución del juez Silva es un escándalo monumental que los medios, afines en su inmensa mayoría al poder establecido, han pasado por alto, han relatado con sordina o simplemente han tergiversado para presentar a uno de los pocos magistrados que se ha atrevido a hacer frente a uno de los grupos más poderosos del crimen organizado en nuestro país como un personaje estrafalario, discrecional y jurídicamente impresentable.

  Ante las elecciones europeas, el temor de los partidos del sistema de que el oligopolio de la política se pudiera quebrar se ha manifestado de muy diversas maneras, desde el abuso de los medios institucionales, a la histeria o la demagogia más cutre y zafia. Al fin y al cabo, todos los que estaban en CajaMadrid y en otras entidades bancarias de otros territorios forman parte del status quo y pertenecen de hecho a una gruesa y grosera coalición.

  Pero no ha habido nada comparable al ninguneo contra el juez Silva. Está claro que si este personaje les estorba y les incomoda tanto, es porque el cuestionado juez ha puesto el dedo en la llaga, independientemente de que las actuaciones de este magistrado puedan ser discutibles en algunos casos, como las de tantos otos profesionales de la judicatura o de otros ámbitos profesionales. Lo que no justifica su inmisericorde proscripción, que no han sufrido otros jueces con iniciativas, sentencias y autos no menos controvertidos y opinables.


  Es por este motivo muy importante que el juez Elpidio Silva obtenga un escaño en Europa desde el que pueda hacer oír su voz con más potencia y resonancia en la ciénaga de la corrupción financiera y política que tanto daño nos ha hecho y que tantos perjuicios puede seguir causando a la inmensa mayoría de los ciudadanos, inermes frente al poder absoluto y arrogante del nuevo capitalismo que ya no tiene ni cortapisas, ni contrapoderes ni apenas límites. La lucha será dura y difícil.

domingo, 10 de febrero de 2013

VUELVE EL HOMBRE




Vuelve el hombre


 Parece que vuelve el hombre que a través de su verbo florido y su mente preclara e iluminada ayudó a formar una pinza con José María Aznar y Pedro J. para que la derecha volviera al poder en España, el hombre que brindó su apoyo al proabertzale Madrazo en Izquierda Unida del País Vasco, el hombre que dividía maniquea y ramplonamente la vida política española en dos orillas, el único dirigente comunista que dio su espaldarazo al serbio Milosevitcz en su limpieza étnica en la antigua Yugoslavia, el orador engolado y autocomplaciente de los mítines cursis, de didáctica de primera enseñanza, grandilocuentes y sectarios, agorero de desgracias miles, apocalíptico por antonomasia, estalinista hasta las cachas, visionario, dogmático e infalible, ese hiperbólico andaluz que tanta falta nos hacía para que el ruedo ibérico se animara en estos tiempos de depresión, desconfianza y descreimiento.

 Julio Anguita ataca de nuevo. La prensa anuncia su vuelta a los ruedos. Pronto volveremos con más diversiones. Si hubiera que pasar al cine o al tebeo las hazañas y gestas de tan inefable personaje, nadie mejor que Francisco Ibáñez, el creador de Mortadelo y Filemón y Pepe Gotera y Otilio, para retratar a un líder que hasta en el esperpento sería demasiado literario.

Como decía el Guerra, en lugar de lograr un sorpasso, se llevó un tortaso. El profeta Anguita ya nos había predicho todas las desgracias que ahora sufrimos. Y parece decidido a salvar España. Por salvadores que no quede en nuestra historia. Pero Anguita, otro muerto viviente, corresponsable también en cierta forma del sistema partitocrático de una casta parasitaria desacreditada, tendría que explicarnos qué ingredientes nuevos y no caducados nos va a aportar al debate político en un momento en el que lo que está en cuestión es la sostenibilidad del modelo de Estado de bienestar socialdemócrata en el que el insigne prohombre cordobés nunca creyó. ¿Propone alguna alternativa bananera para España, al estilo de Chaves o los hermanos Castro? De hecho, en una entrevista televisiva, él rechaza el término de “clase política”. ¿Por qué será?

 Ante el avance insoportable de la dictadura del capital y el anquilosamiento de una clase política plena de privilegios obscenos y alejada de la gente, hacen falta buenas cabezas, iniciativas inteligentes y resultados tangibles que luchen eficazmente contra el desmantelamiento de los derechos sociales, la exclusión y el sometimiento a los dictados de la oligarquía financiera y de los políticos trincones.

En suma, la construcción de una democracia, real, como dicen los eslóganes de los que están, no sabemos en qué orilla, pero sí fuera de Tangentópolis. Concepto este, el de democracia, que nunca ha formado parte ni de la praxis ni de la axiología de ese profesor cordobés que, por cierto, desde 1979 hasta su jubilación, sólo dio un año de clase, pese a no considerarse miembro de la clase política. No olvidemos que, además, aplaudió en su día la LOGSE y jamás ha reconocido el daño que esta ley le hizo a la escuela pública.

viernes, 10 de febrero de 2012

La defensa del juez campeador como muestra de la esterilidad intelectual de la izquierda más incompetente



Tras la condena por hechos probados y graves para un representante del poder judicial,  asistimos a la hipostasía –casi canonización- de un personaje tan inefable como el juez estrella por antonomasia, el incomparable, el único, el inigualable………. Baltasarrrrrr Gaaaaar-zón….. (Un fuerte aplauso)
        No deja de ser sorprendente la Garzón-manía. A falta de otros referentes más racionales, el icono televisivo más superferolítico de la justicia universal, el héroe solitario contra el sistema corrupto y fascista, sigue ganando adeptos para su "causa", que más allá de su ego, su megalomanía y su afán de lucro, aún no sabemos cuál es. Ni quizá tampoco sus desmedidos fans, algunos ya bastante talluditos pese a que exhiben una pasión y un histerismo propios de adolescentes fascinados por un cantante niñato.

    El producto Garzón no se ha limitado al mercado nacional. Merced a la resonancia de sus fallos y al nombramiento de un magistrado suspendido en un tribunal penal internacional, la fama de don Baltasar es ya mundial. Como no podía ser de otra manera. Por lo que se refiere a la imagen exterior de España, la injusticia contra el juez campeador se incorporará al acervo de la leyenda negra y del conjunto de topicazos que distorsionan totalmente la imagen del país allende sus fronteras. Un país que mata toros, tortura animales en sus fiestas, persigue a jueces que quieren castigar a los franquistas. Y que encima gana competiciones internacionales con dopaje a tutiplén. No obstante, si todo este circo nacional y foráneo sirve para atraer más turistas para que vean que Spain is different, bienvenida sea la leyenda del juez campeador.

     La sentencia condenatoria del ya ex-juez Garzón ha provocado un revuelo inmenso, colosal. Un episodio más de la historia de los jueces-políticos o de los políticos-jueces y del paso del gran héroe mundial de la justicia universal por las listas electorales del PSOE como independiente de reconocido prestigio, dejando en suspenso la instrucción de los sumarios bajo su jurisdicción, que luego retomó para vengarse de quienes no le dieron los cargos que tan eximio magistrado merecía, de donde nuestro insigne protagonista coligió que sus antiguos compañeros de filas eran los culpables del terrorismo de Estado. Con prevaricación y alevosía. Filtrando sumarios secretos. Presionando con la cárcel al secretario de Rafael Vera para que cantara, él, que no estaba acusado de nada y que vivió un tiempo en prisión por el libre albedrío del epónimo mundial de las causas más justas y sagradas. En su día perpetró sus hazañas judiciales con el apoyo de EL MUNDO, que hoy tanto lo denuesta y lo anatemiza. Cosas del espíritu correveidile, oportunista y tergiversador.
          La verdad, la garzon-manía no la entiendo demasiado. El personaje dista mucho de ser un referente de las ideas que hay que defender. Y los ataques al Tribunal Supremo constituyen un disparate desproporcionado. Desde luego, sólo el peso brutal de la propaganda justifica la defensa apasionada del zascandil ególatra, que ha echado a perder tantos juicios por su mala instrucción, su afán de protagonismo y su manipulación escandalosa.

  Seguro que hay gente que piensa que el único juez que trabajó contra el terrorismo, el tráfico de drogas y el crimen organizado fue Baltasar Garzón. Que los demás magistrados se pasaban el día tumbados a la bartola porque el único profesional de la justicia que ha habido en España para todas esas grandes causas es el juez estrella por antonomasia. Justamente, por toda su meritoria trayectoria no se debería haber procesado al egregio y celebérrimo magistrado. Como si toda esa labor judicial de la judicatura contra los delitos que juzga la Audiencia Nacional la hubiera llevado a término en exclusiva el gran protagonista mediático de todos los telediarios y todas las portadas.

   Si en lugar de defender un modelo alternativo a la dictadura del dinero, se vuelve a hacer lo mismo que en 2000-2004 (Prestige, no a la guerra, talante) y ahora vamos a hablar de Garzón y de la anulación del temario de las oposiciones de noviembre de 2011 (que en la parte que yo conozco, bien derogado está), apaga y vámonos.
           Sólo nos falta ponernos camisetas, insignias, pósters, pancartas y globitos con la efigie del juez campeador y llevar a cabo toda una estruendosa cacerolada a favor del pobre héroe perseguido por tantos franquistas y facinerosos. Y después converger con los “poetas” y letristas de la marea verde, con sus sueños, sus insufribles vídeos y su literatura barata, mitad parroquia progre, mitad perrofláutica, pero de una mediocridad tan estridente que sirve más de argumento para la parte contraria que de emblema para oponerse al orden establecido, que fuerte oposición merecería, por cierto.
      Esta es la hinchada hooligan que les gustará a los aparatos, una masa cerebralmente blandita y políticamente inane, dispuesta a trascenderse en unos iconos y mitos tan absurdos como inconsistentemente vacuos y evanescentes.
              Si no se encuentra salida al golpe de estado del capitalismo salvaje y lo único que se le ocurre a la gente que no está de acuerdo con el status quo, es esta estética y esta mitomanía, andamos listos. A lo mejor toda esta tontuna adormecedora y cutrecilla es preferible a la marihuana y a la farlopa, pero que conmigo no cuenten para hacer el ridi.
          Rubalcaba ha estado comedido. Gestos y guiños de adversidad frente a la histórica sentencia para contentar a la hinchada y a la militancia, que se supone hoy apoyan a un juez que tanto daño hizo al partido al que traicionó décadas atrás. Al menos el nuevo secretario general no ha dicho ninguna tontería ni nada que se pueda entender como desacato o que se preste al delirio desaforado. No se ha sumado al coro de vociferantes que ya han condenado al Supremo en un juicio popular, paralelo y sin derecho a defensa (para seguir la impronta de su héroe). Siguiendo su estilo de buen pilarista, Rubalcaba se ha limitado a dar un pellizco de monja al establishment judicial, pero sin perder la compostura y el savoir faire. No esperábamos menos de él. Otra cosa es la puesta en escena del diputado Julio Villarrubia, en un dramático alegato de retórica decimonónica tan infulado como banal que anunciaba el apocalipsis judicial dentro del sentimiento trágico de una sentencia desfavorable para el nuevo ídolo de las multitudes. 
               La verdad sobre el caso del ególatra que quiere ser el perejil de todas las salsas. No saquemos las cosas de quicio. Un juez que lleva toda la vida saltándose todos los procedimientos y poniéndose su juzgado por montera, con la insólita anuencia del poder judicial, ha sufrido por fin la condena unánime de siete magistrados del Tribunal Supremo por haber violado el derecho a la defensa de unos imputados, a los que con su acción les favoreció la impunidad de sus presuntos delitos. Esos son los hechos que deberían hacernos pensar, de la misma forma que debería habernos provocado sonrojo la trayectoria de la insufrible starlette de diputado-estrella a juez-vengativo. Que este personaje sea el icono con el que movilizar al rojerío me deprime tanto que es para irse al extranjero. No aprendemos. No vamos al fondo de las cosas. El cuerpo le pide a la gente protestar y replicar. Lógico. El malestar irá creciendo, porque vamos hacia un mundo más injusto, vamos por el camino de más desigualdades, un camino que encima ha votado la mayoría no hace mucho. Pero no le demos alpiste al personal, por favor. Que no se desahogue defendiendo a un juez al que se debería haber separado del servicio hace ya muchos años.
               Y lo cierto es que el personaje, más que un Cid épico y legendario, es más bien un auténtico héroe de cómic (El llanero solitario, El guerrero del antifaz, Superman, ….) con su máscara impostada y su propaganda desmelenada, maniquea y simplona. Y vende muy bien, como esas bazofias llamadas Coca-Cola o McDonalds. Igual que venden mogollón el póster del Che Guevara fumándose un envidiable habano con su barba lampiña cuando era ministro de una dictadura sanguinaria o la foto de Marylin Monroe luciendo radiante su falda hinchada al aire por los respiraderos del metro de Nueva York. ¿Por qué no James Dean? Rebelde sin causa.
          Nos han dicho que este dios de sí mismo es el héroe. Y también nos han contado que el juez justiciero ha sido condenado. En ese caso, los que lo han defenestrado de la carrera judicial son unos villanos. ¡Qué digo villanos! ¡Unos fascistas, ellos son los prevaricadores, los delincuentes, los herederos de la justicia franquista, los que no quieren que se investigue la corrupción, los cómplices de los crímenes de Estado!
              Firma, manifiéstate, súmate a la protesta, a la ola, a la marea garzonita, indígnate, concéntrate, lucha, sueña, llora, ríe, llena las calles de tus gritos defendiendo a tu héroe, no te quedes ahí parado mientras intentan silenciar la voz de la justicia con mayúsculas que merecería por lo menos un premio Nobel si no dos.
                  Ni que decir tiene que algunos asistimos atónitos a las reacciones de defensa apasionada de un juez condenado por unanimidad por siete magistrados del Tribunal Supremo. Y la respuesta del inefable inhabilitado está en su línea habitual, egocéntrica y de escasa consistencia. Hiperbólico en un personaje que trasciende a la persona porque en su papel ya desmadrado ha llegado demasiado lejos en sus delirios de grandeza. Quizá piense que la sentencia adversa que ha sufrido por sus excesos extrajudiciales es un ataque contra toda la humanidad. Quizá ya sabía que era la última vez que podía vestir la toga en un juzgado –pese a ser el acusado- porque él se consideraba capacitado para ser quien juzgara a los que lo han declarado culpable del delito de prevaricación.
                Han tratado de matar al Mesías. Pero no saben que Dios siempre resucita. Y que serán ellos, los malos (como ha dicho ese gran filósofo llamado Cayo Lara) los que en el juicio final deberán responder de sus felonías por haberse reído de los buenos. Esto no lo superan ni Epi y Blas en Barrio Sésamo.

No sé si reír o llorar. 

lunes, 30 de enero de 2012

ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS Y CACIQUISMO


La España de las autonomías escribe un nuevo episodio de despilfarro y caciquismo. 



La España de las autonomías escribe un nuevo episodio de despilfarro y caciquismo. ¿Cuánto van a costar las nuevas elecciones en Asturias? ¿Para qué se necesitan? Sólo para mantener a los nuevos caciques, los imitadores de los particularismos nacionalistas en regiones que más necesitarían recuperar la inversión, el empleo y unos servicios públicos alejados de las obras faraónicas y de gastos absurdos.

Álvarez Cascos, con los problemas que tiene su región , sólo piensa en reforzar su papel de virrey asturiano, contra viento y marea. Estos son los personajes que no pueden tener responsabilidades en un país que se ha despertado de la ficción del talante y se enfrenta a las consecuencias de la dictadura del dinero y de la inanidad de su clase dirigente.

Esperemos que de estas elecciones no salga reforzado, sino más bien laminado políticamente el inefable político astur.

De este maravilloso sistema de autogobierno que nos hemos dotado (tan caro, tan inviable, tan insolidario) han salido los déspotas sectarios y racistas (los Ibarretxe, Garaicoetxea, Pujol, Mas, el inolvidable Pasqual Maragall, el converso e incalificable Montilla, el cántabro Hormaechea, Marqués, el Hormaechea asturiano y el anecdótico y zarzuelero Revilla). Ninguno de ellos ha sido un estadista que haya aportado nada positivo para la gobernación de los asuntos públicos. Todos son no sólo prescindibles, sino rémoras y lastres de los que deberíamos liberarnos. Y ahora le toca a Álvarez Cascos, exiliado del partido que dirigió con férrea mano -el general secretario era llamado- y que se refugia en su feudo para culminar su brillante carrera política como un gerifalte de antaño, que diría Valle-Inclán. Esperemos que los electores asturianos voten con sensatez y lo echen, por muy críticos que sean con todos los demás, que razones no les faltan.

sábado, 3 de julio de 2010

JOSÉ MUNILLA, OBISPO DE SAN SEBASTIÁN


El “joven” obispo donostiarra José Munilla (13-11-1961) es uno de los más contundentes ejemplos de remar contra corriente, a lo bestia, seguro de sí mismo y de su fe e indiferente al mundo, el demonio y la carne, tentaciones que desprecia desde una jesuítica humildad tras la que se esconde el sentimiento contrario, el pecado capital que más difícilmente puede disimular la autoridad episcopal que pregonará su verdad en las homilías desde el Buen Pastor. Es todo un paradigma de la voluntad, en el sentido más trascendente y noventayochesco del término. Vasco no nacionalista, se enroló en la iglesia pero no se formó bajo las directrices del entonces todopoderoso Setién, sino que lo hizo en el seminario de Toledo. No claudicó ante una iglesia dominada por el mundo abertzale. Quiso ser sacerdote en una época en la que las vocaciones eclesiásticas estaban ya de capa caída y había que tener más moral que el Alcoyano para escoger la senda de la vida parroquial y pastoril. No necesitaba la carrera eclesiástica para huir de la miseria del campo ni para escapar del mundo. Escogió esa vía porque así fue su designio, su voluntad terca e indomeñable.

Desde los inicios de su carrera sacerdotal su decisión fue volver a su tierra natal, un país, un territorio, unas provincias, donde la iglesia ha ejercido un protagonismo público inmenso desde el siglo XIX, como una expresión de su nostalgia de la sociedad del Antiguo Régimen. Buscando un papel de emisario popular por la gracia de Dios, un autoelegido representante que hablara en nombre de su pueblo, de sus fieles. Un evidente anacronismo después de las revoluciones liberales-burguesas, que nosotros no tuvimos. La iglesia ha exigido para sí en ciertas “nacionalidades históricas” una presencia social y política innecesaria en una democracia representativa.

De hecho, el principal núcleo sociológico del carlismo y luego de su desviacionismo racista y disgregador, el nacionalismo vasco de Sabino Arana, ha sido el clero estructurado como una fuerza con vocación política y populista. Un clero organizado, ansioso de protagonismo social y mesiánico en su voluntad de liderazgo colectivo. Un clero al que pertenecieron algunos de los pocos sacerdotes que fueron represaliados y masacrados por el bando franquista. Pero también un clero que llevó al dictador bajo palio poco antes de transformar su resentimiento y su odio en apoyar aquella escisión de las Juventudes del PNV que luego se llamó ETA, la expresión más terrible de la España negra. Porque ETA es de lo más español que puede haber, heredera directa de las peores tradiciones de la Península Ibérica.

Gregorio Salvador recordaba en una entrevista a la revista de la Asociación de Profesores de Español cómo Añoveros, cuando era obispo de Cádiz, en la década de los 60, porfió para que el entonces gobernador civil de la provincia lo expedientara porque en sus clases de catedrático de instituto explicaba a Miguel Hernández. Ese ha sido siempre el afán dañino de destrucción del adversario y de intolerancia hacia el pensamiento disidente de los prelados con vocación política: inquisidores. Luego el obispo Añoveros, en sus años al frente de la diócesis de Bilbao, quiso llenarse de una gloria inmerecida y desafió al régimen de Franco con su famosa homilía y su carta pastoral cuando el caudillo era casi un espectro en 1974, el año de la tromboflebitis del decrépito tirano, en el que ya era muy evidente la decadencia del dictador y más cercana que nunca su fecha de caducidad. Añoveros, glorificado en las sesgadas hagiografías escritas por sus colegas del eusko-nacional-catolicismo, contaba entonces con los suficientes apoyos en el Vaticano y en Tarancón como para saber que arriesgaba bien poco y ganaba mucho defendiendo un mensaje que se interpretó en su día como lucha democrática, pero que no era más que apoyo a la retrógrada y reaccionaria parroquia nacionalista. Cobardía y oportunismo, inmoralidad e indecencia. Tratar de salvar los muebles poco antes de que el barco en el que estaban tan a gusto se hundiera y garantizar un anclaje en el nuevo poder que estaba por venir.

En los años terribles de la transición en el País Vasco, en los años de plomo, en los que Euzkadi sufrió el azote del fascismo más brutal, de la mafia asesina, de la presión insoportable, del enloquecimiento al que le llevaron los portadores de odio y de veneno convertidos en muerte y destrucción, la jerarquía eclesiástica de Euskal Herria representó lo más siniestro de nuestra particular historia de la infamia. Setién y compañía, Pagola, el arcipreste de ETA, que daba refugio en sus sacristías a despìadados y descerebrados asesinos, han sido la muestra más inhumana y repulsiva de estos últimos treinta y tantos años de la influencia eclesiástica en la historia reciente de España.

Munilla es posiblemente un reaccionario indisimulado, sin disfraces ni cirugía. Sin complejos, como se dice ahora. Un hombre imbuido de la soberbia del poder por el poder (porque el poder eclesiástico es poder químicamente puro, sin segregaciones de corrupción económica ni de clientelismo), es pura dominación personal. Probablemente se trate de un retrógrado sin paliativos, de un hombre de una fe firme para el que los tiempos en los que vivimos, lo políticamente correcto, la imagen, los medios de comunicación y tantos condicionantes que para otros hombres públicos son su verdadero poder fáctico, a él le provocan la indiferencia displicente de quien vive en su propia verdad. Desdeña todos esos referentes ambientales de nuestra era como meros accidentes ocasionales del paisaje.

Su determinación de acabar con la era Setién y todo lo que ella ha representado me lleva a la identificación con un personaje que en otro contexto sería un elemento con el que no tendría absolutamente nada en común. Si limpìa la diócesis guipuzcoana de basura abertzale, si depura sin piedad y con perseverancia la sórdida e incalificable herencia de sus predecesores, habrá prestado un gran servicio público por el que le deberemos gratitud, que trascenderá los límites territoriales de su demarcación.

¿Está con Munilla la iglesia vasca dando la espalda a la sociedad y viviendo al margen de ella? La iglesia como expresión colectiva que desee influir y ser portavoz de la ciudadanía es ya un anacronismo inaceptable en cualquier organización democrática de un país desarrollado. No necesitamos su tutela ni su representación ni su intercesión para nada. La religión sólo tiene sentido en el mundo libre como hecho individual. Es tercermundista aceptar una mediación eclesiástica para el “conflicto vasco”. Una de las patas de la mesa de la mítica “salida negociada de la violencia”. Que era sólo una forma de contar con un grupo de presión pronacionalista que se sentía impune en su abyecto papel de justificar a los verdugos y ningunear a las víctimas. Aznar aceptó el papel mediador del nada equidistante Uriarte, que terminó en dique seco. Se han hecho símiles con la presencia de las iglesias en el “proceso de paz” irlandés. En esa guerra había dos barbaries: la católica y la protestante. Si no hubiera sido por esas dos religiones que han estado sembrando odio durante siglos, Irlanda del Norte habría caminado antes hacia la integración y habría evitado la traumática fractura de dos comunidades que tratan de pisarse la una a la otra y que respectivamente no han aceptado la existencia del que vivía en su misma tierra y tenía otra identidad porque profesaba otras creencias. Identidad para dividir. Identidad para odiar al prójimo.

Ahora se le critica al prelado Munilla por entrar como un terminator en su feudo donostiarra. Que tiene listas negras y que está empezando a perseguir con saña a quienes tenía entre ceja y ceja en sus épocas de párroco por guipuzcoanas tierras. Se habla de un franciscano al que quiere desterrar. Habría que saber si ese franciscano es un abertzale filoterrorista de los que han acogido a asesinos en sus sedes eclesiásticas y pertenece al grupo de los que han estado sembrando odio y apoyando a ETA. En ese caso, justo sería aplaudir la decisión de Munilla. Si simplemente es una venganza personal contra alguien que en su día discrepó de él, me parecería un acto miserable y de muy poca categoría. De escasas miras.

Pero hay que recordar que en época de Setién fue sancionado el cura de Maruri, uno de los pocos sacerdotes que se comprometió en la lucha contra el terrorismo. La Iglesia vasca, y en especial la diócesis de Guipúzcoa, tiene una hoja de servicios infame en cuanto al compromiso contra los asesinos y en su ayuda a las víctimas del terror. Justo y necesario es depurarla de esa asquerosa inmundicia.

Es por este motivo por el que un personaje como Munilla puede ser visto como un servidor público útil, no un líder ideológico ni espiritual, sino un Deus ex machina tan necesario como el jefe de desratización del Metro de Madrid. Un prelado que en lugar de ser un pastor populista, heredero de nuestra tradición de curas guerrilleros que se inició en la guerra de la Independencia, es más bien un jerarca maquiavélico y florentino, como un Don Fermín de Pas, con la misma mala leche, un jugador aguerrido que calcula con paciencia y de forma despiadada cuándo va a dar a sus adversarios el jaque mate para quedarse él solito con todo el tablero de juego.

jueves, 17 de junio de 2010

LABORDETA, ZOON POLITICON




José Antonio Labordeta hace en 20 minutos un comentario sobre la política actual y otros asuntos de actualidad.

Sr, Labordeta: Su paso por la política activa demostró que una cosa es predicar, con su guitarra, su mochila y toda la pesca. Y otra dar trigo.
Tuvimos ocasión de ver su falta de rigor dialéctico, sus insultos, su primitivismo ideológico.
Luego le vimos apoyar a los nacionalismos, la disgregación y la insolidaridad. Y, por supuesto, no predicar ni con el ejemplo ni con su voz impostada ya un tanto cascada la austeridad de los políticos.
Desgraciadamente, usted no representa nada en la izquierda y no só es un cero a la ídem, sino que representa muchos de los aspectos más nefastos que la verdadera izquierda tendría que llevar a cabo para corregir la deriva demagógica de la progresía impostora, sectaria y lamentable.
Tras las canciones, los mitos, los eslóganes y los rolletes más o menos progretas de la transición, llega la cruda realidad: privilegios que convierten a los representantes más bien en una casta privilegiada. Y falta de ideas y programas que aportar a las políticas zapateristas, tan ruinosas y nefastas y reaccionarias. Ideas que usted apoyaba como presunto izquierdismo puro.

Rosa Díez pone el dedo en la llaga en sus críticas. Rompe moldes y mitos, dice verdades como puños. Ya veremos cómo gestiona si le toca tener responsabilidades. Tengo mucho miedo. Sus primeros pasos como dirigente de un partido político reproducen vicios ya conocidos. Su discurso de oposición es impecable. Y lo que denuncia es aquello de lo que usted fue cómplice. No me extraña que no le guste.

¿Qué ha aportado usted al debate político en España? Váyase, por favor, con la música y la mochila a otra parte, porque parece que tiene poco que aportar más allá de imágenes connotativas, ciertas frases para mitómanos a los que un día ya muy lejano nos gustaba su música. Y que se nos fueron abriendo los ojos de la realidad para ver que detrás de la careta del personaje se encontraba un lado oscuro cuya melodía ya no era naïf, ni rebelde sin causa, ni defensora de todas esas campañas que definen en la esencia el egocentrismo narcisista del pijo o el parvenu que procede de la aristocracia de los 60 y 70 y no es más que un tigre de papel. Pero al que le han hecho demasiado caso cuando rugía.
Cuando se le ha visto el plumero, pues, en fin, se desinfló el suflé. También la burbuja ideológica, izquierdosa, se está desmoronando. Tras la impostura, el afán de enriquecerse y el narcisismo, ¿qué queda más allá del vacío? ¿Qué fue de tanto trincón, que sólo defendió en cada momento lo más demagógico y lo más rentable?
No son los labordetas los exponentes del verdadero compromiso coherente con valores de izquierdas. Son, por el contrario, una subespecie que ha vendido su carácter comprometido, rebelde y altenativo como una mercancía. Que, examinada en la aduana, esa mercancía no pudier pasar el más elemental control de calidad, no les importa a sus dealers, mientras estos puedan seguir vendiendo a todos los destinatario que se mueven por la pereza intelectual los mismos productos de siempre, productos que moral y estéticamente hace tiempo que caducaron.